Los primeros días de clase suelen ser difíciles, especialmente para los que van por primera vez, ya que el niño se separa de sus padres y pasa a estar en un ámbito que aún no le es familiar, al cuidado de una persona que no conoce, junto con otros niños que también le resultan desconocidos. Difícil, no?
El niño no tiene que quedarse con la sensación de que lo abandonamos en un lugar que no conoce y con gente nueva, sino que tiene que sentir que lo acompañamos a conocer este nuevo sitio.
Si el niño conoce el lugar y a las personas nuevas junto a sus padres, acompañado durante los primeros días, le resultará más fácil entrar en confianza que si lo dejamos solito.
Tarde o temprano todos se adaptarán, tanto el niño que ha sido acompañado primero por sus padres como el que no, pero seguramente para el primero será menos traumático. Con el correr de los días el niño irá teniendo la seguridad de que mamá y/o papá volverán a buscarlo y ya no se quedará angustiado.
Cada niño tiene su propio tiempo, algunos niños no llorarán, otros lo harán el primer día, mientras que otros podrán llorar por varias semanas. Ninguno es mejor, ni peor, simplemente cada uno es diferente y hay que respetarlo y acompañarlo.
Es importante tenerles paciencia y comprender el momento por el que están atravesando. También es difícil para los padres separarse de ellos. La adaptación es para todos, padres y niños. Para los adultos es todo un proceso lograr estar tranquilos y seguros cuando dejan a un hijo por primera vez en un lugar nuevo.
Es fundamental que los padres estén seguros de que es eso lo que quieren para sus hijos, para trasmitirles a ellos esa confianza y así puedan quedarse también tranquilos. La seguridad que le brindan los padres ayudará a los niños a una mejor adaptación.
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