Puede ser muy angustiante para los niños, que tienden a sentir vergüenza. A menudo se aíslan, evitan actividades sociales y experimentan situaciones de burla por parte de amigos. Suele provocar sentimientos de baja autoestima, lo que dificulta el desarrollo óptimo de su personalidad. También afecta al grupo familiar: con frecuencia los padres se sienten avergonzados y estresados. Muchas veces la falta de conocimiento sobre la enfermedad los lleva a ser intolerantes. Más de la mitad no permite que sus hijos pasen las noches fuera de su casa y se pierdan actividades como dormir en lo de un amigo o ir a campamentos. Es importante consultar con el pediatra o urólogo. Si los niños que mojan la cama no son tratados de manera adecuada, puede persistir hasta la adultez, lo que lleva a que 1 de cada 10 pequeños tengan el problema de por vida.El tratamiento puede incluir medidas higiénico/dietéticas, uso de alarmas, apoyo psicológico, biofeedback y medicación. La consulta oportuna y consistente puede prevenir el deterioro psicológico, permitir el desarrollo normal de la infancia y ayudar a la familia.


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