Cuando se habla de los problemas que afectan la Educación, por lo general se circunscribe la discusión a lo que pasa en las escuelas o, a lo sumo, se involucra a los dirigentes que organizan y reglan desde ministerios y oficinas públicas, como si sólo se educara en las aulas.
Quienes compartimos día a día la difícil tarea de transmitir valores a las nuevas generaciones sabemos de sobra que no es así, y que los problemas de la Educación se extienden a todos los ámbitos de la vida social. Sin ir más lejos, es proverbial el conflicto hogar-escuela (donde padres y familiares contradicen lo que el niño recibe de sus maestros), como uno de los principales obstáculos que enfrenta el educador a lo largo de toda su carrera.
De acuerdo con mi experiencia personal (soy profesora de Geografía y de Lengua desde 1984, que trabaja en dos escuelas de Lincoln, provincia de Buenos Aires) considero que sólo hay una manera de superar este problema: reconociendo de manera clara cuáles son las responsabilidades de cada uno de ellos. Los padres tiene obligaciones para con la Escuela que eligieron para sus hijos, deben secundar a la Institución en las decisiones que toman sus autoridades y los docentes que acompañan el aprendizaje de sus hijos. Por otro lado, la Escuela debe entregar información precisa y clara de esos desempeños.
En una de las Escuelas en las que trabajo (Escuela del Alba), están organizadas reuniones de padres antes del inicio de clases, donde se plantean las pautas de trabajo anual. Antes de la entrega del primer informe (boletín), los papás reciben una grilla con las notas que ha obtenido su hijo hasta ese momento. Si fuera necesario , se solicitan entrevistas particulares para tenerlos al tanto de los problemas de aprendizaje que se detectan. Con el tiempo descubrimos que era muy útil llegar a esa entrevista con documentación escrita en dónde quedan asentadas esas situaciones que habitualmente no son informadas como sanciones, pero sí entorpecen las tareas cotidianas.
Por ello, frente a la habitual defensa que hacen los padres del hijo ( “Mi hijo no es capaz de hacer eso”, “Seguramente es un problemas que tiene Ud. con él” ), el presentarle el listado de las conductas que todos sus profesores han observado de su niño, suele resultar una prueba irrefutable, que convence al padre y lo termina convirtiendo en un aliado para ayudarlo y ayudarnos en la tarea de educar.
Delia Vázquez
Escuela del Alba
Lincoln, provincia de Buenos Aires
Fuente: Educ.Ar


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